”¿Bronx?”, digo tímidamente. Espero que esté lo suficientemente soñoliento como para decir que sí a mi petición.
“¿Sí, nena?”, responde soñoliento. Su voz es casi un susurro.
“Quiero hacer algo por ti, pero necesito tu permiso y me temo que dirás que no”. Trato de sonar casual y calmada.
La luz de la luna que se cuela por la ventana es la única luz que me permite ver su reacción. Él abre sus ojos y me mira con preocupación, pero su voz suena sospechosa de mis motivos. “¿Por qué te diría qu