Me pone nervioso lo cansada que está Kas al día siguiente. Todavía está pálida y sus ojos no tienen su brillo habitual. Ella insiste en levantarse de la cama, pero se queda dormida en la cocina antes de que pueda terminar de tostarle un panecillo. La llevo al sillón y le traigo algunas almohadas y su manta gris y verde. La envuelvo en un pequeño capullo y enciendo el canal de cocina que le gusta. Antes de que pueda siquiera darme la vuelta, ella ya está dormida en el sillón.
Llamo a James y le