Una vez que estamos acostados y hemos tenido la oportunidad de calmarnos, Marco me acerca para que dejemos que nuestros cuerpos se entrelacen.
“Está bien, Marco. Basta ya de rodeos. ¿Qué pasó hoy? ¿Cuál fue la emergencia en el quinto piso? ¿Por qué nos han mandado a casa?”, pregunto, deslizando mis dedos por su mejilla y barbilla.
Suspira y mira atrás mío. Cierra los ojos durante un largo segundo antes de volver a mirarme. Sus ojos están ligeramente vidriosos, como si hubiera lágrimas detrá