Mundo de ficçãoIniciar sessão—Que sea la última vez que dices que tú me puedes dominar, que sea la última vez que digas que puedes hacer que yo pierda la cabeza por ti, no soy un idiota ni un títere—suena molesto. —Si lo digo es porque es verdad, acepta, acepta que me deseas, lo sé por como correspondes a mis besos , acepta que si yo quiero hago que inclines las rodillas por mí—sueno segura. Él sonríe y después suspira indignado mientras camina hacia mí y me vuelve a pegar hacia la pared.Veo a mis alrededores y este es un lugar solitario y obscuro no hay nadie ni siquiera un perro.Trago saliva y lo veo con seguridad. —No crees que eso puede ser al revés—menciona mientras coloca su mano en mi cintura y su pantalón roza la piel de mis piernas.
Ler mais«Dios… Al…» gimió Jovanka cuando las caderas de Altezza no dejaban de moverse con ese ritmo que él sabía que a su esposa le volvía loca.
Jovanka se aferró a su cuerpo con fuerza, mientras Altezza se volvía cada vez más impetuoso, haciendo que el cuerpo esbelto de ella ardiera con un deseo que crecía sin control. «Al…» jadeó, cada vez más perdida, con el clímax ya al alcance y acompañando sus movimientos, como si quisiera recibirlo por completo. Y no mucho después…
«Arrggghh…» gruñó Altezza al mismo tiempo que el calor de su descarga quedaba contenido en el preservativo que, a veces, le resultaba asfixiante.
Se lo quitó con rapidez y lo lanzó sin cuidado al cesto, mientras Jovanka—con la respiración aún agitada y el rostro encendido—ya volvía a cubrir su cuerpo con aquel camisón diminuto que, minutos antes, había logrado hacer que Altezza olvidara por completo el verdadero motivo de su visita.
El cuerpo atlético de Altezza seguía perlado de sudor, su respiración todavía intensa. Pero antes de volver a perderse en ella, se obligó a hablar.
—Mis padres han vuelto a sacar el tema de mi matrimonio. Y, sinceramente, estoy cansado de ocultar lo nuestro. Cariño, llevamos demasiado tiempo juntos… y ya te he dicho una y otra vez que quiero formalizar lo nuestro. ¿Acaso todo este tiempo no ha sido suficiente para que cambies de opinión y dejemos de escondernos?
La calma inicial en su voz se quebró al final, teñida de frustración.
Jovanka respondió con una sonrisa dulce. Su figura, delgada pero con curvas en los lugares precisos, se acercó a él con un andar lento y sugerente. Se sentó a su lado, se inclinó ligeramente y, con deliberada intención, deslizó sus dedos finos sobre el pecho desnudo de Altezza, en una caricia cargada de tentación.
—Lo sé… —susurró con un tono suave y seductor—. Yo también quiero gritarle al mundo que soy tuya… y que tú eres mío. Pero, amor, conoces mi contrato. Aún no puedo hacer público nuestro matrimonio… mucho menos tener un hijo contigo. —Suspiró, mimosa—. ¿No dijiste que me apoyarías hasta alcanzar mis sueños? ¿Vas a romper tu promesa ahora… o dejar de valorar todo lo que he logrado?
—¿Y hasta cuándo tengo que esperar? —La mano de Altezza se cerró alrededor de la muñeca de Jovanka; no con fuerza, pero sí lo suficiente para captar toda su atención. La miró fijamente, con intensidad—. Llevamos cinco años juntos. ¿De verdad no ha sido tiempo suficiente para demostrarte cuánto he tolerado por ti? ¿Cuánto más quieres que espere?
El corazón de Jovanka latía con fuerza. La frialdad en la actitud de Altezza y la dureza de su mirada la ponían nerviosa. Sabía que, durante todo ese tiempo, lo había tratado de manera injusta. Con plena conciencia, había aprovechado el inmenso amor que él sentía por ella para hacer siempre lo que quería, sin temer jamás que él pudiera dejarla.
No quería perder a Altezza… pero tampoco estaba dispuesta a renunciar a la carrera que había construido con tanto esfuerzo, esa misma que ahora se encontraba en la cima.
Egoísta, sí.
Pero también sabía que las oportunidades no se presentan dos veces. Y, mientras pudiera convencerlo, Altezza volvería—como siempre— a ceder ante sus deseos.
Intentando calmarse, Jovanka esbozó de nuevo esa sonrisa seductora. Liberó la mano que él sujetaba y la alzó hasta su rostro, acariciando con suavidad su mejilla barbada, con una intención claramente provocadora.
—Un año más, amor. Te lo prometo —susurró, dibujando esa sonrisa dulce que sabía que a él tanto le gustaba.
Se inclinó y rozó con suavidad la comisura de sus labios.
—Solo un año más… y entonces oficializaremos nuestro matrimonio. Yo, Jovanka Lawrence, le anunciaré al mundo entero que soy tu esposa… que seré la madre de tus hijos. Te prometo que haré realidad tu sueño de tener una gran familia.
Habló con un tono firme, envolviendo su cuello con ambos brazos mientras jugueteaba, de forma insinuante, con el cabello en su nuca.
Era el único recurso que le quedaba para poner fin a aquella conversación sobre el matrimonio y los hijos que Altezza tanto deseaba.
Un año después
—El año pasado me prometiste que formalizaríamos nuestro matrimonio este año. ¿Por qué, entonces, acabo de enterarme de que firmaste un nuevo contrato?
La pregunta de Altezza hizo que Jovanka se detuviera en seco mientras ordenaba su ropa.
Acababa de regresar de un rodaje en el extranjero y estaba buscando un regalo que, estaba segura, lograría hacerlo feliz. Sin embargo, en lugar de acercarse y abrazarla como solía hacer, Altezza se quedó de pie en el umbral de la puerta, manteniendo la distancia a propósito, observándola con una expresión inexpresiva que ella conocía demasiado bien: estaba enfadado.
Jovanka adoptó una expresión suplicante, intentando ablandar su enojo. Se sentó en el borde de la cama, bajó la mirada y comenzó a jugar con sus dedos delgados y bien cuidados.
—Sé que he roto mi promesa… lo siento —pidió en voz baja. Alzó la mirada un instante para verlo, pero enseguida volvió a bajarla, incapaz de sostener el destello de ira en el rostro de Altezza.
Silencio.
Altezza no dijo ni una sola palabra, y eso solo consiguió que los nervios de Jovanka aumentaran.
—Te juro que no quería faltar a mi palabra. Pero, Al… no podía dejar pasar esta oportunidad —continuó, con la voz suave y entrecortada—. Sabes cuánto admiro al señor Spencer. Es un director que me encanta, y trabajar con él siempre ha sido mi mayor sueño. Tú lo sabes.
Jovanka volvió a mirarlo, intentando descifrar lo que pasaba por su mente. Pero Altezza seguía con esa expresión imperturbable.
La inquietud se instaló en su pecho. Aun así, en algún rincón de su interior, estaba convencida de que, igual que las veces anteriores, él terminaría cediendo. Porque Altezza la amaba… y siempre acabaría concediéndole todo lo que quisiera. Siempre había sido así. Siempre lo sería.
—Entonces, ¿cuánto más tengo que esperarte esta vez? ¿Un año? ¿Dos? ¿Cinco? —preguntó Altezza de nuevo.
Su voz era tranquila, plana, como si no hubiera emoción alguna en ella… pero, precisamente por eso, resultaba evidente que estaba conteniendo una furia que amenazaba con desbordarse.
El cuerpo de Jovanka se tensó, y su rostro perdió el color. Quiso responder, pero las palabras se le quedaron atascadas en la garganta.
—Llevamos seis años juntos. Seis años ocultando nuestro matrimonio, no solo a tus fans o a tus compañeros de trabajo, sino también a mis padres. —La mirada de Altezza se volvió más dura—. ¿Tan vergonzoso es para ti ser mi esposa?
Los ojos de Jovanka se abrieron de par en par, horrorizados.
—Altezza, sabes que no pienso eso…
—¿Entonces qué? —la interrumpió—. Entiendo que no quisieras que tus logros se vieran opacados por la influencia de mi familia, lo acepté. Pero ahora ya estás en la cima de tu carrera. Eres famosa. El nombre de mi familia ya no va a interferir en tu camino. Así que dime… ¿por qué sigues empeñada en mantener en secreto nuestro matrimonio?
No era una pregunta que realmente necesitara respuesta. En el fondo, Altezza ya sabía la verdad: todo se reducía, una vez más, a ese contrato.
—¿Eres consciente de todo el tiempo que hemos desperdiciado? —preguntó Altezza mientras avanzaba hacia el interior de la habitación.
Sus pasos eran lentos, casi ligeros. Sin embargo, en lugar de acercarse a Jovanka, se dirigió al tocador. Se apoyó en él, sentándose sobre el borde, con las manos en los bolsillos del pantalón y la cabeza inclinada, como si los zapatos que llevaba puestos resultaran más interesantes que el hermoso rostro de su esposa.
Bajo finalmente ese escalón mientras no dejo de mirar fijamente a ellas tres, intento pasarme de largo pero una de ellas me toca mi brazo.—Cielo tenemos que hablar.—En primera no me toque—me suelto de su agarre—Segunda yo no quiero hablar tengo muchas cosas que hacer.—Por favor Cielo no puedes ser tan descortés con tus tías.Me devuelvo hacia ella y le sonrio en su cara.—Descortés, ay por favor ustedes fueron las primeras que fueron descortés conmigo.—Por favor Cielo quita la demanda en contra de tus tíos—ellas me ven con suplica—Son tu familia no puedes hacer eso.—Eso jamás ellos no son mis tíos, no recuerdan cuando me dijeron que yo no era su familia ahora que lo cumplan, que paguen por sus decisiones.—Eres una…—ella trata de abofetearme.Enseguida saco la mano de mi pantalón, la levanto y detengo la mano de mi supuesta tía.—En su vida vuelva a pretender tocarme—me acerco a su rostro y después suelto su brazo con brusquedad.Después de eso simplemente camino hacia el coche
Parpadeo un par de veces para después seguir caminando hacia mi coche.En la Firma de libros….Llego a esa galería en la cual camino hacia el lugar donde estará ella, voy con el libro en mis manos mismo que tiro al suelo en cuanto veo que mis sospechas son ciertas.Es Cielo, ella es quien escribió este libro el cual de inmediato levanto del suelo, sonrio al ver lo linda que se mira sonriendo mientras firma cada uno de esos libros.Intento acercarme aunque mis intenciones desaparecen en cuanto decido hacer esto bien.Si ahora me acerco puede que ella solo escape y se vaya sin embargo si lo hago con paciencia hasta puede que ella cambie de opinión.Retracto mis pasos y me devuelvo hacia mi coche, en el cual saco mi celular para buscar el perfil de Cielo como escritora, le doy clic a mensaje, continuo por escribir uno, me hago pasar por un fan el cual no puede ir a la firma de libros.Insisto con unos cuantos mensajes los cuales estoy seguro de que la convencerán.Horas más tarde ella a
(Ahora Es Escritora)2280 palabrasVeo como esa enfermera sale con mi hija pero eso no me preocupa ya que la veré en algunas horas.—Señorita Aubriot enseguida de la rutina la pasaremos a la mejor habitación de la clínica—menciona uno de los médicos.—Gracias—sigo viendo hacia el techo.En la habitación…Menos mal que mi parto fue natural que aunque al principio fue un poco doloroso es lo mejor ya que en unos días estaré mejor.—Felicidades—entra la señora Salome con un arreglo de flores.—Gracias señora—agradezco con amabilidad.Mi celular el cual está a un lado suena un par de veces, por lo tanto la señora Salome lo toma y me lo pasa enseguida, miro quien es quien llama y es Kristen.—Es mi mejor amiga.—Le avise hace un rato asì por eso llama, eh me iré por un café enseguida vuelvo.Asiento con la cabeza y después de eso tomo esa llamada la cual es un video llamado.—Hola—trato de sonreír.—Hola mejor mama del mundo ¡Felicidades! ¿Dónde está esa hermosa bebe? —trata de mirar.Le s
Después de decir eso todos me abrazan y continúan con tocar mi vientre, eso me hace sonreír.—Cielo—habla el señor Matías—Creo que tenemos que hablar.—Claro señor—asiento.—Niños por favor vayan a sus recamaras —menciona la señora Salome.—Pero mamá—esa es Irene quien habla.—Hagan caso, yo iré a verlos pronto—les sonrio asì que ellos se van hacia sus recamaras.—Ahora si Cielo dinos—habla el señor Matías.—Bueno yo tuve una relación con un chico asì que de ahí salió este bebe.— ¿Y él lo sabe?—No, y no quiero que lo sepa no ahora por favor.—Creo que tengo la intuición de que ese chico es Louis Green ¿O me equivoco?Parpadeo nerviosa ya que mi piel y todos mis sentidos se ponen mal al escuchar su nombre.Asiento con la cabeza mientras frunzo los labios.—Por favor señor no haga nada, él no lo sabe.— ¿Por qué no lo sabe?—Por qué asì lo decidí yo, por favor solo deje pasarlo, aunque si no me quiere aquí por eso yo me voy, por mí no hay problema.— ¡No! Tu eres nuestra hija mayor ¿










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