Alexander
La penumbra del penthouse era un lienzo en blanco que se negaba a teñirse de paz. La madrugada se filtraba por las persianas, dibujando barras de luz cenicienta sobre la piel desnuda de Alaia, quien dormía a mi lado con una inocencia que me resultaba insoportable. Me levanté con movimientos lentos, mis articulaciones crujiendo bajo la tensión de un lunes que se avecinaba como una guillotina. El peso de las palabras de Marcus me seguía martilleando el cráneo: «¿Seguro que puedes confi