Alaia
El sol de la tarde del domingo se estaba ocultando, tiñendo el cielo de un naranja cobrizo que presagiaba la llegada de la noche. Me despedí de mis padres con un abrazo que me dejó un regusto agridulce; la paz que había encontrado en su casa era un oasis en medio de un desierto de incertidumbre, y dejarlo atrás se sintió como una pequeña traición a mi propia cordura. Me subí a mi auto, sintiéndome extrañamente agotada, como si hubiera librado una batalla larga, aunque en realidad solo me