¿Y si la bala no le hubiera dado en el brazo?
¿Y si le hubiera dado en la cabeza, el cuello o el pecho? ¿Y si hubiera abierto la puerta medio segundo antes o hubiera estado un poco más a la izquierda? ¿Y si la bala no solo lo hubiera rozado, sino que lo hubiera atravesado?
Me estremecí.
Presioné con cuidado la gasa contra la herida, la sujeté con cinta adhesiva y me aparté un poco para revisar cómo había quedado.
Entonces, como si no fuera capaz de mantener la concentración ni siquiera en ese mo