Se me detuvo el corazón.
El pulgar se me quedó clavado sobre la pantalla, sin poder moverse.
Levanté la mirada.
Dominic caminaba hacia el podio.
Iba de negro. Un traje que no se parecía a ningún otro en esa sala, cortado exactamente para él, como si la tela le hubiera nacido encima. Y al cuello, anudada con una precisión que era toda una declaración, una corbata roja. De ese rojo. El mismo que el mío.
Hacía juego con mi vestido.
Al tono exacto.
Se me abrió la boca y no salió ni un solo sonido.
S