Perspectiva de Seraphine
—¡Espera! —solté antes de que Sparrow cruzara la puerta.
Se volvió hacia mí.
—Está bien. Haré lo que quieras.
Su sonrisa se ensanchó.
—Así me gusta.
Se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla. Después empezó a desabotonarse la camisa, despacio, hasta dejar al descubierto el pecho musculoso, cubierto de tatuajes que se perdían bajo la tenue iluminación de la habitación. Tenía un cuerpo trabajado, con músculos que parecían hablar tanto de horas en el gimnasio como de u