—Ya verás —amenazó Riley—. Haré que mi madre derribe esta puerta.
No le respondí. Toda mi atención estaba puesta en Dominic.
—¿No tienes miedo? —me preguntó en voz baja justo cuando me acomodé a horcajadas sobre su regazo.
—¿Qué es lo peor que podría pasar? —respondí con una sonrisa antes de besarle la oreja.
Dominic dejó escapar un gemido. La vibración de su voz me recorrió el cuerpo y despertó en mí unas ganas aún más intensas de tenerlo. Quería más. Lo quería todo.
Me sostuvo la mirada por un