Me la follé con fuerza, rápido, sin ninguna delicadeza. La sujeté de las caderas y la penetré sin piedad. Ella gemía a gritos, pero me daba igual quién pudiera escucharnos. Lo necesitaba. Necesitaba sentir que volvía a tener el control.
Seguí hasta estar a punto de correrme. Entonces me aparté y la obligué a arrodillarse. Abrió la boca y me corrí en su garganta. Se tragó hasta la última gota. Me quedé mirándola mientras lo hacía.
Me sentí satisfecho.
Ella se apartó y se sentó en el sofá sin deci