Desde que llegue a casa, traigo una sonrisa un poco idiota pintada en el rostro que ni siquiera el humor sarcástico de Úrsula pudo borrar durante la cena; tanto así, que quiso saber cuál era la causa de tal estado de felicidad, pero obviamente no me moleste en contarle nada.
¿Para qué?
Hacía mucho tiempo que a ella no le importaba lo que pasaba con mi vida.
Mientras me bañaba, me vi varias veces en el espejo que había en una de las paredes de mi ducha y me di cuenta que me sentaba de maravilla