Me despierto sobresaltada una vez más a mitad de la noche; ya van cinco veces esta semana desde que llegue a Londres. Las pesadillas sobre Kya, Kenneth y mi madre se han vuelto recurrentes y tan reales que no me sorprende palparme las mejillas llenas de lágrimas mientras mi corazón palpita de prisa.
—Pesadillas de nuevo —no me sorprende encontrar en la oscuridad la silueta de Nahúm apoyada en el marco de la puerta de mi habitación; esta se ha convertido en nuestra rutina.
—Lo siento, no lo pued