—Si yo hubiese muerto ese día, todo habría sido más fácil.
— ¡No repitas esa estupidez nunca más! —la reprendo con un grito.
Me incorporo hasta quedar sentada sobre el colchón; su mirada parece perdida mientras sigue viendo las estrellas adheridas a su techo. Sus ojos azules lloran en silencio, ahogándose en lágrimas contenidas.
Odio verla así de rota.
—Ninoska, por favor, habla conmigo. Cuéntame que esta sucediendo para que estes en este estado —le pido poniendo una mano en su pierna.
Su mano