El día siguiente llega y me dirijo a mi empleo, Matthew llega después y entra como un vendaval a la oficina.
—Buenos días.
—Buenos días, señor. Aquí tiene la agenda de hoy y su capuchino que me pidió. —Dejo todo sobre el escritorio.
—Gracias, ve a tu sitio y habla solo cuando yo te lo pida —espeta con desprecio—. Tampoco te muevas tanto, me mareas, mujer.
Me quedo boquiabierta por su trato.
—Creo que se está pasando de grosero conmigo. ¿Qué le sucede? —pregunto de forma retadora.
Levanta la mira