Frunzo el ceño al reconocer las voces de Gian Franco y Matthew. Abro los ojos despacio mientras toco mi frente, debido al molesto mareo que continúa haciendo que todo a mi alrededor parezca dar vueltas. Al incorporarme, me llevo la sorpresa de estar sentada en la camilla de urgencias de un hospital, con una bata puesta y el brazo conectado a una bolsa de suero.
—¿Qué me pasó? —Escucho mi propia voz rasposa.
—Te desmayaste, bella… ¿Cómo te sientes? —Gian se acerca, pero Matthew se adelanta e impi