—Recordé cuando te tuve. —Se ríe—. Tenía quince años y me estabas volviendo loca, y ni se diga a tu padre, que apenas comenzaba a llevar el mando de la constructora que sus papás le dejaron a cargo.
Río también. Eran muy jóvenes para tener una hija.
—Eran demasiado jóvenes.
—E inmaduros... ¡Nuestra casa era un desastre al igual que mi torpe Alemán! Hablaba terrible y nadie me comprendía, ni siquiera Derek, que era el que me enseñaba. —Se lleva la mano a la boca y ríe a carcajadas.
Raquel llega