CAPÍTULO 40

—Está bien... —Toma su bolígrafo para firmar unos documentos que he dejado sobre el escritorio ayer por la tarde.

No comprendo su actitud, me pregunto si acaso estará celoso o molesto porque ya había quedado con mis hermanas, o porque la mayor parte de mi tiempo libre la invierto en mi familia. Quizá se siente algo desplazado, debo recompensar el tiempo.

Mi teléfono suena en el escritorio y tomo la llamada de inmediato. Es la recepcionista, me informa que Gema Blackwell ha llegado.

—La señora B
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