—Está bien... —Toma su bolígrafo para firmar unos documentos que he dejado sobre el escritorio ayer por la tarde.
No comprendo su actitud, me pregunto si acaso estará celoso o molesto porque ya había quedado con mis hermanas, o porque la mayor parte de mi tiempo libre la invierto en mi familia. Quizá se siente algo desplazado, debo recompensar el tiempo.
Mi teléfono suena en el escritorio y tomo la llamada de inmediato. Es la recepcionista, me informa que Gema Blackwell ha llegado.
—La señora B