Caranavi- Bolivia.
En esa carretera inhóspita, y en medio de la penumbra regresaron a la finca en donde minutos antes residían, todos.
Lourdes curó el roce de la bala que tenía el agente López en el brazo. Lola abrazó a Emma, la niña se durmió en sus brazos sin aún comprender con exactitud lo que había ocurrido con su padre.
En horas del amanecer el canto de las aves alertó a los habitantes de la casa.
—Es hora de irnos —avisó López a Lola y Emma.
María Dolores asintió, no recogió más