Cuando sonó la alarma de su teléfono ya Raffaella estaba en un taxi camino a la empresa, no había podido dormir bien, su sueño fue intermitente, dividido entre las imágenes de su novio Mateo y las del hombre que enervaba cada poro de su piel: Tiberius Wellington.
Se levantó antes de que los rayos del sol hicieran su aparición, tomó una ducha rápida y se arregló para salir a trabajar, pensando que esa sería la mejor forma de ocupar su mente; por otro lado, también se dijo que mientras más pronto