Robin no tomó en serio sus palabras.
El hombre habló con calma.
—Irene, debes saber que no tienes derecho a decir que esto ha terminado. Puedo pasar por alto que ocultaste tu embarazo, ¡pero no uses el aborto espontáneo como excusa para separarnos!
La voz del hombre estaba desprovista de cualquier emoción.
Irene sonrió amargamente.
Sí, ella realmente no tenía derecho.
El acuerdo que habían firmado nunca fue justo para ella.
Ante él, ella siempre carecía de derechos.
No tenía derecho a enojarse,