Irene se recuperó de sus pensamientos, se secó el cuerpo y regresó a la habitación.
El teléfono de Robin estaba sonando.
Con un tintineo persistente, alguien le estaba enviando mensajes.
Robin miró el teléfono con impaciencia.
Luego hizo una llamada.
—Solo llévala de vuelta a casa.
Del otro lado, Antonio habló con un tono incierto:
—Robin, Lolita está borracha y no para de mencionar tu nombre. Dice que ya no te gusta, ¿ustedes discutieron?
Robin encendió un cigarrillo y dio una calada.
—No.
Loli