—¿Podemos no hacerlo?
Robin se detuvo un momento.
—Señorita Irene, ¡deberías saber que no te pago tanto dinero para que vengas a discutir conmigo!
Irene sintió un fuerte golpe en su corazón.
Sí, ella estaba allí para satisfacer sus deseos.
¿Cómo pudo haber olvidado eso?
No resistió más.
Incluso se podría decir que cooperó.
Robin, como si la estuviera castigando, lo hizo con gran ferocidad.
Como si quisiera devorarla viva.
Irene solo podía cooperar mientras tenía cuidado de que él no se excediera