Me reí de nuevo escuchando su risa sincera. "Bueno, mis manos están aquí, así que no las olvidé".
"Gracias a Dios".
"Pero para ser honesta, no sabría si olvidé algo hasta que desempaque".
"Oh Dios", me froté la frente. "Solo espero que no te quedes tirada. ¿Dónde están ahora?".
Ella tarareó un momento. "No lo sé. Todavía estamos en el bus".
"Te deseo un viaje increíble, amor".
"Gracias".
"Y Amie, ¡Dios! Extraño a esa niña. ¿Cómo le va? ¿Cómo se tomó tu ida?".
"Ella lo está afrontando y y