Hoy por fin era el día programado para verlo. Me miré en el espejo, sonriendo ante mi reflejo mientras me aseguraba de que mi atuendo y todo lo demás no infringía ninguna de sus normas.
Llamé a un taxi y le indiqué mi destino. El hombre me examinó pero no dijo nada.
Cuando llegué, me dirigieron a la sala de espera y me pidieron que esperara allí, pues había otras personas que también habían venido a ver a uno de los reclusos. Durante unos veinte minutos, observé, cansándome poco a poco, mientr