Hugo no dijo nada, así que Kevin supuso que era porque solo se estaban conociendo aún.
Kevin sabía que era inútil preguntarle, sonrió, se puso en cuclillas y le preguntó a Ana: —Ana, ¿cuántas veces has visto a la chica con la que almorzaste al mediodía? ¿Sabes cómo se llama?
La mano de Hugo que apretaba la taza se tensó bruscamente: —¡Kevin!
Ana no entendía lo que pensaban los adultos, no conocía a Kevin tan bien, pero cuando le oyó preguntar por Rebeca, Ana se lo pensó y sin miramientos dijo: —