Esa noche, Carolina estaba especialmente feliz.
Normalmente, cuando Logan estaba en casa, ella solía ir a su estudio para hacer la tarea, leer, dibujar o jugar con sus juguetes.
Pasadas las diez de la noche, después de bañarse y antes de acostarse, Carolina le dijo a Rebeca:
—Mamá, voy al estudio a ver si papá ya se acostó y, de paso, a darle las buenas noches.
—Está bien.
Carolina ya había salido corriendo de la habitación cuando, de repente, regresó. Se apoyó en el marco de la puerta, ladeó la