Rebeca entendía perfectamente por qué era así.
Se quedó sentada donde estaba, en silencio durante un largo rato.
Al día siguiente, llevó a su hija al colegio antes de ir a la empresa.
Esa tarde, después del horario escolar, tomó su teléfono y llamó a la niña.
Esta se alegró mucho de recibir su llamada.
—Mamá, ¿qué pasa?
—Nada, solo quería llamarte. ¿Te apetece ir a casa de la bisabuela más tarde? Les pediré que preparen tus platos favoritos.
Carolina asintió con entusiasmo:
—Sí.
Después, interca