Rebeca y Nate hablaban sin parar, citando a los clásicos.
Cualquiera con ojo perspicaz podía ver que cuanto más hablaban, más entusiasmado y sorprendido se sentía él, e incluso al hablar con ella descubría algunas de sus propias carencias.
Pero esto le hizo sentirse maravillado.
No pudo evitar decir: —De verdad que no me equivocaba, de verdad que eres mejor que yo.
¿Qué clase de persona era Nate?
Rebeca tenía esa riqueza de conocimientos a tan temprana edad, e incluso él reconoció la grandeza de