Romeo se fijó en él justo cuando se acercaba.
Sus finos labios se fruncieron ligeramente en señal de disgusto, y sus ojos hacia Hugo se tiñeron al instante de frialdad.
Hugo lo ignoró y caminó hacia ellos sin la menor pausa en sus pasos.
Se acercó a Rebeca y la encaró con aire natural: —¿De qué están hablando?
Rebeca, sin darse cuenta de la guerra de miradas que había entre ellos, respondió: —Cosas del trabajo.
El hecho de que Rebeca pudiera charlar tan alegremente con Romeo significaba que Rome