Apolo
No podía creer tenerla entre mis brazos nuevamente, después de que la arrebataran de la forma en la que no habían hecho. No podía creer que se estremeciese con cada toque, con cada beso, tal como la primera vez que la había tenido entre mis brazos.
Le coloqué un mechón de cabello detrás de la oreja y la observé un instante, deleitándome en su rostro delicado, en el brillo de sus ojos. Brianna se mojó los labios, jadeando suavemente, regalándome uno de esos deliciosos ruiditos que solía r