Brianna
—¡Ni se te ocurre, perra! —Me dijo el hombre que me apuntaba, cuando intenté incorporarme.
En unos cuantos segundos estábamos rodeados de al menos una docena de hombres que nos apuntaban. Aquello era a todas luces una encerrona de Geraldine.
—Brianna, levanta las manos. —Me pidió Ciro, mientras dejaba su arma sobre la hierba para luego alzar las suyas. Imité su movimiento con cuidado.
—El arma. —Gruño.
Yo aún llevaba el arma en el cinturón cuando fuimos emboscados, por lo que imag