Brianna
Apoyé la cabeza contra el cristal del coche llorando en silencio, hasta que el zumbido del motor comenzó a adormecerme, lentamente. Podía entender en aquel preciso momento a que se referían cuando hablaban de un corazón roto, porque sentía que el pecho se me desgarraba lentamente. No era un dolor insoportable de esos que te aniquilan a quema ropa, era más bien un dolor tolerable, pero persistente. De esos que te dejan respirar solo lo suficiente para que sigas desangrándote entre recuer