El oficializar nuestro romance era un paso de avance en mi aspecto psicológico. Me adentraba en un cuento de hadas, donde mi príncipe azul, me llenaba de respeto, consideración, confianza y amor cada día. Era un hombre detallista y tierno que se debatía entre la ola de emociones y responsabilidades. No habíamos tenido más señales del sádico, pero, aquel ataque, era la primicia de nuevas tentativas de secuestro. Yo estaba calmada, porque sabía que, mi guardián, me protegería siempre, pero el rub