Recostada en la calle, sin importarme la ubicación de mi enemiga y con el cuerpo desmayado y ensangrentado de mi chico en brazos, solo podía gritar desesperada, implorando auxilio. Los guardaespaldas se movían a mi alrededor, tensos, impotentes como guardianes, protegiéndonos y esperando la ambulancia y yo, solo podía pensar con horror, en el ataque y en la protección que mi rubio me había brindado, arriesgando su propia vida, ya estaba cansada del peligro acechante de cada día y de las consec