La tensión entre ambos, desde aquel día, era palpable y aumentaba conforme pasaban los eventos. La rubia despampanante, Samira, se había comunicado con Jerry en varias ocasiones, siempre tratando temas del embarazo, pero a mí se me antojaba planificado, justo para molestarme. Parecía muy segura en cuanto a responsabilizar a mi rubio por la paternidad de su retoño, por lo que llegué casi a tener la certeza de que, esos exámenes, arrojarían la correspondencia que tanto me había negado a aceptar,