AVRIL STEEL
Contrario a lo que esperaba, durante el resto del parto, Chapman se ahorró sus malos chistes e insinuaciones y guio a mi bebé por el canal de parto con respeto y profesionalidad. Intentaba no verlo a los ojos mientras mis manos se aferraban a los barandales de la cama. Seguí sus indicaciones imaginándome que no lo conocía y era un médico cualquiera, hasta que de pronto el llanto de mi bebé me hizo olvidar la vergüenza y la desconfianza.
Chapman lo tenía entre sus brazos, envuelto