AVRIL STEEL
El dolor me doblaba las piernas y Chapman era de lo único que me sostenía para no caer. Apreté los dientes y me ahogué un quejido, intentando que pasara la contracción antes de seguir con la discusión.
—Habla Chapman… —dijo con seriedad y el teléfono en su oído—. Necesito que preparen la sala de partos, es una emergencia.
—¡No! —grité con fuerza, motivada por el dolor.
—Sí, voy en camino. Llegó en… —Vio el reloj en su muñeca para calcular el tiempo— …veinte minutos. La paciente