Me sentía un poco culpable por haberle gritado a Dante por permitir que Viktor se acercara tanto a mí, porque parte de la culpa también era mía. Pero cuanto más lo pensaba, más enfadada me sentía.
No tenía nada por lo que disculparme.
Era culpa suya que Viktor hubiera logrado entrar al mismo restaurante que yo. Se suponía que debía estar alerta, y ni siquiera salió del coche una sola vez para asegurarse de que aquel hombre no intentara acercarse.
Su excusa de que creía que Viktor no me haría da