Mundo de ficçãoIniciar sessãoCon una sonrisa con sabor a triunfo y el cuerpo totalmente erguido, el señor Meyer se encontraba en el centro de la mesa en la sala de juntas. Salvador, completamente incrédulo, no daba crédito a las palabras que su progenitor acababa de pronunciar.
¿Había oído bien? Aquello tenía que ser una estupidez o un delirio por parte del viejo.—Tú no puedes hacer esto —dijo Salvador, conteniendo apenas su furia.—Son mis acciones —respondió el señor Meyer con fría autoridad






