Mundo ficciónIniciar sesiónHabía seguridad en sus palabras, y de algo estaba completamente convencido: no pararía hasta encontrarlo.
Sebastián permaneció en silencio unos segundos, procesando lo que acababa de escuchar. La oficina, amplia y elegante, parecía de pronto más pequeña. Más cerrada. Como si el aire hubiera cambiado.—Salvador… —murmuró finalmente—. Si Josué está vivo, no es solo un problema tuyo.Salvador apoyó ambas manos sobre el escritorio y lo miró con firmeza.






