Mientras Alejandro sigue marcando el número de Ana Laura sin éxito, su teléfono vibra con una llamada entrante. Al ver el nombre en la pantalla, exhala un suspiro de alivio: es Rodrigo,
—¡Rodrigo! Qué bueno que llamas —responde Alejandro, alejándose un poco más de los ventanales del comedor.
—Solo llamaba para saber cómo va ese "matrimonio feliz" —dice Rodrigo con tono bromista desde el otro lado de la línea—. Y para darte una noticia: regreso a Italia en un par de días. Estaré por allá pro