La cruel realidad, una dura traición
Kendra se encuentra en su habitación, desconsolada, angustiada y muy triste. Llora y no puede contenerse, le duele el pecho. Se entregó a Rowan con toda su alma, creyendo en su amor, y no se esperaba esta traición de su parte.
Golpean la puerta.
—Kendra, mi amor, Eliot quiere hablar contigo.
—No quiero hablar con nadie, mamá. dile que solo quiero estar sola.
Su madre mira a Eliot. —Ya lo oíste.
—Sí, gracias, pero mañana vendré a ver si está de mejor ánimo. —