Capítulo 28: Agonía

Aún después del almuerzo, tengo el corazón acelerado por la charla con Ernest. Jamás creí que pudiera tener los cojones para hablarme así como si él fuera el ofendido, como si yo hubiese sido la que mintió todo este tiempo, la que le vendió sueños y pajaritos en el aire a una desconocida en Canadá.

Y él viene con sus palabras, baratas con su sentimentalismo, haciéndome creer que en verdad le impo

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