Capítulo XXXV

El frágil hilo del destino

Verónica

Después de un relajante baño, salí de la tina y comencé a secar mi cabello. Lucía, siempre atenta, se acercó para ayudarme a arreglarme. Primero, se dedicó a mi cabello, creando un peinado digno de una reina. Con destreza, recogió mi cabello en un elegante moño, dejando caer pequeños bucles que enmarcaban mi rostro. Luego, aplicó el maquillaje, resaltando mis ojos y pintando mis labios de un rojo intenso con un toque de negro.

La miré con una sonrisa de agrad
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