Los guerreros de Hunulú marchaban de regreso a su aldea, el albor de un nuevo día iluminaba su camino, y el aire vibraba con el eco de su victoria. El cuerpo inerte de la bestia, que había aterrorizado a su pueblo durante tanto tiempo, yacía sobre los hombros de los soldados, un trofeo de su valentía y determinación. Las risas y los gritos de celebración resonaban por todas partes; un sentimiento de triunfo envolvía a cada uno de ellos, y sus corazones latían al unísono con la emoc