Selene se encontraba rodeada de sus compañeros, cada uno de ellos con el rostro tenso por la ansiedad que provocaba la inminente segunda prueba del ritual. El aire estaba cargado de una mezcla de expectación y temor, ya que todos sabían que la dominación de la bestia era uno de los desafíos más temibles que jamás habían enfrentado. Se trataba de un ser formidable, una criatura que evocaba las leyendas antiguas: un elefante gigantesco, revestido de una espesa y descolorida piel, que