Selene se despertó al compás del torrencial aguacero que golpeaba el techo de la cabaña, un sonido que resonaba como una antigua melodía familiar. Era la misma cabaña que había sido su refugio desde la infancia, un santuario de amor y risas que ahora se manifestaba como un hogar rebosante de recuerdos entrañables. En la mesa, aún permanecían las bolitas de masa de dulce y las galletas decoradas, vestigios coloridos del festín que su madre, Kyra, y ella habían preparado para celebrar su cu