Lo escuchaba tocar la puerta con mucha insistencia pero sin armar un alboroto; no estaba dispuesto a irse sin verme. Llevaba como una media hora allí.
—Sé que estás ahí, Megan. Tu coche está aparcado frente a tu casa; por favor, hablemos. Me tomará nada explicarte. Dame aunque sea un minuto, solo uno, por favor.
Caminé hacia la puerta estando descalza para que él no me escuchara. Dejé mi mano sobre la puerta y también pegué la cabeza a ella.
Hugo estaba del otro lado, pero yo no quería verlo; m