—¿Confiar en la magia? Ni siquiera sabes usarla aún —contraatacó; sus palabras me causaron una opresión el pecho.
—Eso no importa —contesté, intentando ocultar el dolor en mi voz—. No permitirá que nos pase nada al bebé o a mí. Si no puedes confiar en eso… al menos confía en mi loba. Sabes de lo que es capaz. Demonios, la mayor parte del mundo lo sabe.
Gavin suspiró.
—Claro que confío en tu loba… al igual que confío en ti —dijo, con su expresión suavizándose—. Pero este no es el modo de probarte